Toda la semana culminó con el Milagro, que tuvo lugar durante el fin de semana del 30 de septiembre al 1 de octubre y fue un proyecto de construcción comunal con la gente de Collado Mediano. Todo en el juego Oasis es muy espontáneo y reactivo a los sueños y deseos de los habitantes, y los talentos, posibilidades y recursos disponibles. Por lo tanto, solo sabíamos aproximadamente qué forma tomaría este proyecto de construcción colectiva el jueves por la noche, después de haber realizado el taller  con los miembros de la comunidad para averiguar cuáles eran sus sueños y hacerles crear un diseño para el espacio disponible (los facilitadores habían obtenido permiso anticipado del municipio para transformar un parque en el sur de la ciudad y lo presentamos a la comunidad en el encuentro de sueños como un lugar potencial para que puedan realizar los sueños que han expresado).

El viernes fue el día de prepararnos para el trabajo del fin de semana: un equipo buscó materiales, otro buscó herramientas y talentos, y un tercero trabajó en la planificación del espacio en sí – cómo y dónde podrían implementarse las ideas y diseños propuestos por la comunidad y también advertir a los vecinos sobre el trabajo propuesto, y tratar de involucrarnos en él – al tiempo que continuaron convocando a las personas para que participaran de la actividad. Estaba en el tercer grupo y, como en días anteriores, acercarse a extraños fue un desafío para mí.

No suelo encontrar este tipo de cosas fáciles de cualquier manera, pero hacerlo además en español y en un pueblo donde la gente no está muy acostumbrada a hacer las cosas juntas como comunidad y muchos han perdido la esperanza de que pueden mejorar las cosas, lo hacen aún más difícil. Sin embargo, descubrí una nueva valentía y positividad en mí. Había mejorado mis habilidades para acercarme a las personas e intentar animarlas … ¡o simplemente ya me había habituado a hacerlo! Lo hice lo mejor que pude y me sorprendí de que algunas interacciones fueran realmente agradables; Cuando superé mi incomodidad inicial, a menudo sentí una conexión genuina con la persona con la que estaba hablando.

Fuimos al parque a las 10 a.m. del sábado, la hora de inicio anunciada. Los facilitadores nos habían advertido que quizás no veríamos a mucha gente local en ese momento, ya que era un fin de semana y bastante temprano, y de hecho sólo estuvimos los jugadores del Oasis, participantes de Rural CODES, durante las primeras horas. Debo admitir que estaba preocupada y dudando de si alguien aparecería, sin embargo, a medida que avanzaba el día y el fin de semana, más y más personas vinieron a participar en la actividad de construcción y la atmósfera se volvía más y más vibrante. Las actividades evolucionaron de manera bastante espontánea: nos dividimos en grupos más pequeños para centrarnos en tres o cuatro áreas principales de trabajo: un anfiteatro, mesas y bancos de picnic, y una pared / mural de graffiti. Dentro de estos grupos, los equipos diseñaron en el momento cómo iban a construir las cosas en función de los materiales y el conocimiento disponible; esto no ocurrió sin su cuota de fricción y momentos desafiantes, ya que las personas con ideas diferentes tuvieron que descubrir cómo trabajar juntos, pero estas ¡fueron partes valiosas del proceso de aprendizaje, de dejar ir y trabajar en equipo sin mucha planificación u organización!

Surgieron proyectos adicionales cuando las personas llegaron con ideas o planes de otras cosas que querían construir: por ejemplo, un equipo decidió construir una rampa para que los usuarios de sillas de ruedas pudieran acceder al parque mientras que otro grupo decidió crear un circuito de bicicletas BMX usando palets. Cada día nos sentamos en torno a una comida compartida, que fue cuidadosamente preparada y servida por alguien de la comunidad local.

El sábado comimos un delicioso tagine, cous cous, hecho por una vecina marroquí y el domingo una paella ofrecida por una cafetería local, con comida búlgara por la noche. Estos momentos donde compartir, particularmente en torno a compartir comida, me parecieron muy especiales y hermosos. Conectaban a las personas de una manera simple pero profunda. El domingo por la noche, una vez que terminamos todos los proyectos y celebramos la contribución de todos, y mientras el sol se ponía en Collado Mediano, nos sentamos a disfrutar de un espectáculo espontáneo en el nuevo anfiteatro con canciones, percusión, actuaciones y espectáculos de marionetas. Se podía ver la alegría y la satisfacción en las caras de las personas, y ciertamente pude sentir espíritu de comunidad entre todos aquellos que habíamos estado involucrados.

Esta es la 1ª parte del blog post escrito por Jenny Hyde, participante del programa Rural CODES en Collado Mediano. Esta publicación es una historia basada en el quinto paso del juego Oasis: “el Milagro”.

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